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Reto de Lily a Selene

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Reto de Lily a Selene

Mensaje por Selene Stogianis el Dom 17 Ene 2010, 21:44

Desde que se había comprometido con Lucius Malfoy sabía que una parte de sí misma estaba feliz, a pesar de que sus conocidos y familiares la consideraban frívola, el interior de su corazón latía de amor por su prometido.

Debido a que las apariencias lo eran todo en la sociedad mágica y de su propia familia, había tenido que guardar sus sentimientos para sí, pero por dentro se encontraba agradecida de aquel sentimiento, se sentía humana y no una máquina que actuaba por inercia.

El día de su boda se veía radiante, una de las más hermosas novias del mundo mágico, vestido de diseñador, gran fiesta, las familias Malfoy y Black no escatimaron en gastos para la boda de sus hijos. Por otro lado ocultaba la tristeza de no saber si lo que ella sentía era recíproco de parte de Lucius, quien nunca la había tratado más de lo necesario y menos hablado de lo que sentía respecto a esa boda, era frio y reservado hasta en la intimidad. Suspiró, quizás para Lucius casarse con ella era solo un deber, el deber de ser Malfoy y tener que continuar con el apellido, pero no perdía la esperanza de que quizás en un futuro, el demostrara sentimientos.

Pasaron los primeros meses desde la boda y aún en la privacidad del hogar, él no demostraba ningún cambio, a pesar de que ella si lo hacía y se demostraba amable y hasta algo amorosa, pero no, él seguía tan impertérrito como antes.

Estaban ya a punto de cumplir dos años de matrimonio y su suegra junto a su madre ansiaban tener un nieto que continuara con el legado de ambos, Narcissa no sabía por qué, pero no lograba quedar encinta y eso la frustraba. Su marido como siempre, no decía nada, pero eran cada vez más escasas las veces que se encontraban.

Inesperadamente, un día comenzó a sentirse mal. Asoció estos signos al estrés que sentía y no les dio importancia. Luego de un par de días y al ver que no remitían, decidió ir a ver al sanador de la familia. Era lo que menos imaginaba, estaba embarazada.

Quiso saltar de alegría apenas escucho esas palabras de la boca del sanador, pero se contuvo mostrándose fría y distante, como una perfecta dama de sociedad, aunque el brillo de sus ojos había cambiado. Al llegar a casa no se contuvo y rió de alivio y felicidad, quizás si alguien la viera pensaría que había perdido la cordura, pero se sentía radiante. Al fin, después de tanto tiempo, tenía un ser que crecía dentro de ella y dependía por completo de sus cuidados, un hijo.

Al pensar en la reacción de Lucius, de pronto toda aquella dicha que sentía se transformó y el miedo la invadió, ¿Cómo le diría? ¿Estaría él feliz con la noticia? Después de todo los últimos meses incluso podía jurar que la evitaba y sus encuentros en la cama eran esporádicos y casi sin sentimientos. Comenzó a retorcerse las manos nerviosa, hasta que finalmente se dirigió a la cocina y pidió a un elfo una taza de té.

Se sentó en el salón e intento beber aquel brebaje que muchas veces la tranquilizaba, pero tenía la garganta cerrada. Tomó un libro e intentó leerlo, tampoco resultó. Se puso de pie y empezó a deambular por todos lados hasta que la chimenea del despacho de Lucius anunció que este había llegado. Tomó una bocanada de aire y se dirigió con paso vacilante hasta ese lugar. ¿Dónde ha quedado el valor de los Black, Narcissa? Se cuestionó a sí misma con un suspiro. Tocó suavemente la puerta del despacho y cuando escucho que su esposo la instaba a pasar, entró.

Lucius se encontraba sentado detrás del suntuoso escritorio. Narcissa tomó asiento frente a él y comenzó ahora a retorcerse el borde de su vestido.

-¿Sucede algo, Narcissa?- Preguntó Lucius, levantando la vista de los papeles que leía para mirarla atentamente. Un atisbo de preocupación brillo en los ojos del hombre al ver el estado de su esposa, destello que ella no se percató por estar mirando al suelo.

-Yo... Lucius yo... Tengo algo que decirte...- Dijo atropelladamente la rubia tomando aire y mirándolo titubeante.- Lucius... Estoy embarazada.

En un principio el hombre quedó estático, sin saber qué decir. La miró buscando algún atisbo de mentira, pero solo veía sinceridad, incluso ella se veía... Radiante. Se puso de pie e hizo algo que sorprendió a Narcissa, la abrazó de manera delicada y le dio un cariñoso beso en la frente.

-Me has hecho el hombre más feliz de la tierra- Susurró mirándola fijamente a los ojos con una sonrisa en el rostro, sonrisa que lo favoreció enormemente, ya que se veía aún más joven de lo que era.


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